
Rutba se pone en marcha de nuevo en un sábado infernal, pleno de lluvia, aguanieve y frío, mucho frío, como casi todos por otra parte durante este curso. Nuestro destino es en esta ocasión San Clemente, uno de los pueblos monumentales de la comarca; lugar de trabajo de Mercedes durante algunos años, quien nos ha convencido de las bondades artísticas y gastronómicas del sitio...
Nos recibe Amelia, profesora de Historia del Arte del IES, entusiasta conocedora de su tierra, quien hará de amabilísima cicerone durante toda la jornada. Lleva un apropiado gorrito para el tiempo y no tarda en sugerirnos que no hemos elegido el mejor día para la visita; las nubes no descubren el rojizo fuego de la piedra caliza local y la neblina no deja apreciar los primorosos detalles de su labra.
Empezamos, claro está, por el principio, encapuchados unos y refugiados los demás bajo unos pocos paraguas en la Plaza Mayor. Allí se sitúa el espléndido Ayuntamiento del siglo XVI (hoy sede de la Fundación Antonio Pérez y de una excepcional colección de grabados) que Amelia nos describe con artesana minuciosidad. Huele a Vandelvira por los cuatro polos, los de una de las plazas renacentistas más bellas de La Mancha, con el permiso de la patria chica del serrano cantero. Maldecimos nuestra suerte, que no nos deja disfrutar el momento por nisesabe cuantas veces. Alguién recuerda la primera salida: el acueducto de Albatana y la nieve, la comida en Chinchilla y las tardes en cueva... Aparecen las primeras sonrisas; la cosa promete; Rutba resiste y el que resiste gana.
Como replicantes mendigando la razón de vivir, recorremos chorreando la plaza y su apéndice llamado de la iglesia; nos detenemos en el Arco romano -que es bien barroco-, en el Pósito (antigua carnicería clasicista) y en la magnífica portada flamígera de la epístola. Al fondo, la antigua Casa de la Inquisición; allí está bien.
Las explicaciones se aceleran en búsqueda de un cobijo que llega en la Torre Vieja. En su interior nos sorprende un coqueto museo etnográfico, las inmejorables vistas desde su azotea y sendos modillones de rollo en una de las ventanas geminadas que delata su origen gótico. Por frente, la elegante fachada del palacio del Marqués de Valdeguerrero, uno más de los ilustres títulos con los que cuenta la villa.
Ha parado de llover y es momento de regresar al Antiguo Ayuntamiento para disfrutar de la colección de grabados de Antonio Pérez. Unas didácticas explicaciones sobre el museo y las técnicas de grabado -Marcedes se llama también nuestra anfitriona- nos ponen en antecedente de este islote de modernidad en medio del páramo. Ahora Mateo está en su salsa y explica con la sencillez del niño lo que para los demás es teoría de fractales. Reparamos en las bellísimas molduras de los vanos que luego veremos repetidas en la iglesia. Me conmueve la obra gráfica de Guilleme Corneille, fundador con Karel Appel del grupo Cobra, y una exposición de fotografía de Isabel Tallos -Check In- me reconcilia con el Hyde viajero... La logia consistorial es definitivamente perfecta y la perspectiva del testero plano de Santiago tiene aquí su mejor instantánea.
Callejeamos para ver una fachada conopial que Amelia nos dice trasladada de su primera ubicación y la original Casa de los Picos, decorada con armónicos diamantes renacientes que hiciese populares Biagio Rossetti en Ferrara o el último Juan Guas en el Infantado. También los hay en Albacete, y como éstos parecen de un estilo senil que me encanta. En la esquina palaciega Amelia nos descubre el secreto de las cruces de San Clemente, otro más, devocional y popular. Es hora de comer, pantagruélicamente, para reponer fuerzas. La tarde nos espera plena.
A la salida de la fonda más sorpresas, de nuevo la lluvia, y con fuerza. Nos refugia ahora la parroquial de Santiago Apostol, de interior sereno, en la transición al renacimiento, con columnas de orden jónico de las mejores del estilo en muchos kilómetros a la redonda. Otra vez planea la cincelada sombra de Vandelvira. La visita contempla subir a las inconclusas torres y al trasdós de las bóvedas por una escalera de bástago que provoca recelos y entusiasma a la chiquillería. La nueva armadura de madera es digna de alarifes mudéjares y sorprende a todos. Recorremos en silencio prolongado nuestro particular olimpo.
Tras el aterrizaje, Amelia nos habla de la cruz isabelina del humilladero, que hoy se conserva en una de las capillas de la parroquial. Otra obra de arte extraordinaria. Mateo está inquieto y no puedo quedarme más. Me pierdo la ermita de San Roque que veo a través de las palabras de Paloma y Mercedes. Paco ha sido, como otras veces, nuestro reporter; espero impaciente sus imágenes...
PD. Agradecer a Amelia su enorme paciencia y amabilidad, y el haber compartido con nosotros su sabiduría. También a la fundación Antonio Pérez por el trato dispensado a nuestro grupo.


(Pretel Marín,A."D. Juan Manuel señor de la llanura",I.E.A.)
El dato más antiguo que tenemos de La Roda, creemos que se remonta a Abril de 1240,obtenido a través de una fuente indirecta(P. Ortega). En una donación de heredades de Alarcón y Valera,
entre los testigos del acto notarial,figura Ferrandez ¿o Johan Gonzalvez?, "senior" en Roda.El cual debía ser el alcaide designado por el concejo de Alarcón, para el inminente ataque a la alquería de Albacete, que cae en 1241;Chinchilla lo hará al año siguiente.
La Roda fue entregada ,junto a otros lugares, a D. Juan Manuel, en compensación por las pérdidas del tratado de Torrellas-Elche(1305); pasando a incorporarse al Señorío de Villena,
titularidad del Infante.Este señorío tiene un doble origen histórico; por un lado, las poblaciones de la Tierra de Jorquera, Hellín, Ves, Tobarra, Almansa, Yecla ,Sax y Villena; habían pertenecido a su padre el infante Don Manuel, en el Siglo XIII, por ello se le denominó "Tierra de Don Manuel". El sector norte, la Tierra de Alarcón e Iniesta, perteneció a realengo durante los siglos XII y XIII.
(Pretel Marín,A.; "Conquista y primeros intentos de repoblación
del territorio albacetense",I.E.A.)
Debido a las difíciles condiciones de atracción y fijación de población, en tierras de frontera; en un documento fechado en Montalbanejo el 12 de Julio de 1319, D. Juan Manuel exime a los habitantes de La Roda, de la obligación de pagar cualquier tipo de pecho señorial (servicio, fonsadera, pedido, yantar, etc.).
Nuestro pueblo, además de ser paso obligado desde Murcia y Valencia hacia Castilla, era punto limítrofe entre los obispados de Cuenca y Cartagena, y, el arzobispado de Toledo.Esta ubicación estratégica, provocó un conflicto entre Cuenca y Cartagena, referenciándose que, en documento de archivo,La Roda, siendo aldea de Alarcón, tenía parroquia propia, ya, antes de 1322, fecha del
citado documento.El hecho de que siguiera siendo aldea, demuestra el escaso éxito repoblador.
Las correrías de los musulmanes y la rebelión de D. Juan M. frente a los realistas(1327-1329)paralizaron los intentos de repoblación. Reanudados por la efímera paz de 1334 y 1335. Así, en Albacete, el 13 de Febrero de 1334, D. Juan M. concede al concejo de La Roda el "fuero de leyes".Un corpus jurídico más oligárquico, favorable a los pecheros, que sienta las bases organizativas del concejo bajomedieval castellano, afirmando el sistema de elección interna para los oficios, entre las familias de posteros. Quedando la población más sujeta a la autoridad señorial, pero sin perder las franquicias fiscales, otorgadas en 1319. Posteriormente, D. Juan M. concedió como incentivo para repoblar, la exención o reducción del diezmo.
(Enrique Íñiguez Rodríguez. Wikipedia)
Sin embargo, en 1337, el señor , mermaría el territorio rodense con la segregación de la puebla de La Gineta. Además, en sus últimas voluntades- fallece en 1348-, ordenaba la venta de La Roda y otras poblaciones, para hacer frente a los gastos de testamentaría.
Tal venta, no se llevó a cabo, ya que , el 12 de Junio de 1350, en Sevilla, su hijo y sucesor, Don Fernando Manuel, confirma, a instancias de Juan López del Castillo( comisionado por el concejo de La Roda), los tres privilegios anteriores otorgados por su progenitor. En este documento, se menciona por vez primera, la expresión "mi villa de La Roda", confirmando una situación "de facto", que no estaba avalada por ningún título de villazgo, pero que habría nacido, virtualmente ,con la concesión de término en Enero de 1310.
Hace setecientos años, de la mano del Infante Don Juan Manuel, en medio de enormes dificultades, derivadas del proceso de Reconquista y repoblación, por un lado ,y, las guerras entre reyes y nobles ,por otro; en el corazón de La Mancha, La Roda echó a andar en el tiempo, comenzando a forjar, así, su identidad y su futuro.
Nota de autor:
La información recopilada en este artículo, procede de los trabajos de reputados
especialistas como Aurelio Pretel, Carlos Ayllón, Miguel Rodríguez, Pedro J. García , Enrique Íñiguez y José L.
Pastor.





